viernes, 13 de enero de 2017

Un aliento.

Hay un recuerdo del que no consigo desprenderme, una imagen que se presenta cada vez que necesito un aliento de comprensión. Hace un tiempo conocí a alguien que mirándome a los ojos, me atravesó. Era su único objetivo, así que su dedicación no fue en balde.
Mientras ese intercambio se producía, me sentía invitada al desafío, podría tomar como elección el engaño, pero la curiosidad que latía en mi, dejo un espacio de entrada prudente y cortés.
Y así fue, permití su invasión. No hicieron falta palabras, no demasiadas. 
Como respuesta sentí tanto como es habitual y se lo entregué. Su gesto de agradecimiento me calmó. Por primera vez alguien hizo palpables mis pensamientos más negados. 
Me habló de mi, usando un discurso bañado de respeto, empatía y admiración. Me hizo real, medible y cuestionable. Hizo referencia a mi centro emocional y no se abrumó. No lo hizo.
Por primera vez sentí que podría compartirme, que existían cómplices de mi verdad. Que mi soledad era producto de mi torpeza al buscar. Que en mi fragilidad existía belleza, no burda debilidad.


"I just want to you know, I can see through your masks"